Palabras de la directora general de la Escuela Del Álamo, Marcela Pelanda
Nuestras Islas Malvinas.
Memoria del arraigo y el honor en el presente.
Querida comunidad educativa, autoridades, alumnos y, muy especialmente, a nuestro veterano:
Hoy nos reunimos para conmemorar el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas. Sin embargo, recordar el 2 de abril no es solo recordar una guerra; es recordar una historia de pertenencia que comenzó mucho antes, en el barro, el frío y el esfuerzo de los primeros habitantes argentinos que soñaron con una vida en nuestro suelo insular.
A menudo, la historia se cuenta a través de fechas de batallas. Pero la soberanía también se escribe con nombres de familias. Debemos viajar hacia atrás, hacia la década de 1820, cuando las Malvinas eran un territorio vibrante bajo la bandera celeste y blanca. Allí estaban hombres como Luis Vernet, el primer comandante político y militar, y mujeres como su esposa, María Sáez, quien en su diario nos dejó el testimonio de una vida cotidiana argentina en las islas: las meriendas, las charlas, el sonido del piano frente al Atlántico Sur.
Allí nació, en 1830, Matilde Vernet, la primera persona de la que se tenga registro nacida en las islas bajo leyes argentinas. Malvinas no era un territorio vacío; era un hogar. Había gauchos que trabajaban la tierra, familias que proyectaban un futuro y una administración que protegía nuestros recursos.
Ese sueño de paz fue truncado por la fuerza en 1833, cuando la usurpación británica expulsó a las autoridades y a los pobladores argentinos. Pero ni el tiempo ni la distancia borraron el derecho. La resistencia del Gaucho Rivero y sus compañeros fue el primer grito de rebeldía contra esa injusticia, recordándonos que el honor no se negocia, ni siquiera frente al imperio más poderoso.
Ese mismo hilo de coraje es el que unió a los pioneros del siglo XIX con nuestros jóvenes soldados en 1982. Los “chicos” que fueron a las islas, muchos de ellos con unos años más de edad que hoy tienen los estudiantes de cuarto año de secundaria, no fueron a una tierra extraña. Fueron a defender el suelo de Matilde, de María Sáez, de Rivero; fueron a defender una parte de nuestra propia casa.
A nuestro Veterano: Fabián Valiño es el puente vivo entre aquella historia fundacional y nuestro presente. En su rostro vemos la dignidad de quienes cumplieron con el mandato de la Patria. Su sacrificio no fue en vano, porque hoy Malvinas no es solo un reclamo diplomático; es un sentimiento que nos une por encima de cualquier diferencia.
A los estudiantes: las Malvinas son argentinas por geografía, por herencia jurídica, pero sobre todo por historia. Estudiar lo que pasó en aquel puerto de soledad, conocer la vida de los pioneros y honrar el valor de nuestro héroe actual es la mejor forma de ejercer soberanía hoy. Porque la patria también se defiende con el libro en el aula y la memoria en el corazón.
Que este 2 de abril nos sirva para renovar el compromiso de paz, pero con la firmeza de saber que, mientras un argentino recuerde el nombre de quienes allí quedaron y la historia de quienes allí vivieron, las islas seguirán latiendo bajo nuestra bandera.
¡Honor y gloria a nuestros héroes! ¡Las Malvinas fueron, son y serán argentinas!



